Hacia 1897, Bayer, en una acción comandada por Heinrich Dreser, comenzó a vender heroína como mecanismo para tratar la adicción a la morfina y jarabe para la tos. Hacia 1899, producía cerca de una tonelada anual, que exportaba a 23 países. De hecho, “Heroína” es el nombre comercial con que Bayer denominó a la diacetilmorfina, por sus supuestos efectos heroicos sobre el cuerpo.
La Sociedad de Saint James, una institución filantrópica, organizó una campaña para suministrar muestras gratuitas de heroína por correo a adictos a la morfina que intentaban abandonar sus hábitos.
Ante la presión de la comunidad científica, que había comenzado a comprender su poder adictivo, dejó de venderla en 1910, si bien asegurando que no era adictiva.