“Esos malditos bastardos de las zapatillas de nuevo”

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La industria de zapatos deportivos de los hermanos Adolf y Rudolf Dassler, fundada en la lavandería casera de su mamá después de la 1º Guerra Mundial, venía viento en popa. Había sido la primera en auspiciar a un afroamericano cuando Jesse Owens vino a Berlín a aguarle la fiesta del racismo al Führer.

Hasta que explotó la Segunda Guerra Mundial. En uno de los bombardeos aliados, Rudolf y su familia ya estaban dentro del refugio cuando su hermano llegó corriendo junto a su mujer. “Aquí están los malditos bastardos de nuevo” se le oyó decir a Adolf. Nadie pudo convencer a Rudolf de que se refería a los pilotos enemigos. La relación acabó por resquebrajarse, y la empresa se dividió en dos poco después del fin de la guerra. Adolf escogió su sobrenombre “Adi” y la primera parte de su apellido para llamarla Adidas. Rudolf hizo lo mismo y fundó Ruda, pero en cosa de meses la rebautizó como Puma

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