Un chiste de 30 hectáreas de extensión

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Richard Branson y la Isla Necker

En 1978 Richard Branson quiso impresionar a su novia fingiendo comprar Necker, una isla privada, parte en las Islas Vírgenes Británicas. Estaba listada por US$ 6 millones, y él ofreció US$ 100 mil, lo más que podía ofrecer, a modo de broma. Tras cierto tiempo sin recibir ofertas el propietario acabó por conformarse con US$ 180 mil, la empresa de Branson había mejorado su situación financiera y decidió comprarla. Once años después se casó allí mismo con la Joan Templeman, la misma novia a la que trató de impresionar.

 

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Menos boca, más nos toca

Internado de renombre (por sus renombrados delincuentes juveniles)

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