Ventajas del gas mostaza: no lo pilla el antidopaje
Durante la Primera Guerra Mundial, el francés Joseph Guillemot recibió un ataque con gas mostaza. El veneno desgarró sus pulmones y los dejó lleno de cicatrices. Le dijeron que nunca más podría correr. Además, era fumador de cajetilla diaria y tenía el corazón en el lado derecho del pecho.
En los Juegos Olímpicos de 1920 ganó la medalla de oro en 5.000 metros planos. En 10.000 sacó plata a 1,4 segundos del vencedor, aun cuando la carrera se adelantó tres horas a petición del rey Alberto de Bélgica, de lo que Guillemot fue informado después de comer un contundente almuerzo (corrió con calambres estomacales) y pese a calzar zapatos dos tallas más grandes porque le habían robado los suyos.
