“Pero si ya acordamos que el silencio dura solo un minuto”

“Pero si ya acordamos que el silencio dura solo un minuto”

En los años sesenta, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum regresó a su patria tras una larga ausencia. Al asistir a un partido de fútbol, se asombró del respeto que el público quiteño mostró con el árbitro. Su madre había fallecido en la víspera y el estadio entero se puso de pie y guardó silencio. “Y pensar que antes solo se les gritaba ‘hijo de puta’”, reflexionó Adoum. Quince minutos más tarde, el referee anuló un gol de Aucas: “¡Huérfano hijo de puta!”, tronaron las graderías.

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Jorge Enrique Adoum

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