Titanes de la insensibilidad
Quince días después del naufragio del Titanic, el padre de John Law, uno de los violinistas de la banda que tocó mientras el barco se hundía y que le costó la vida a todos, recibió una carta de la agencia musical que lo había contratado. No era precisamente para desearle sentido pésame o para destacar el heroísmo de su muchacho. No. Era para cobrarle los cinco chelines y cuarenta peniques que adeudaba el finado por ajustes y limpieza de su uniforme.
