Alergia al agua
En la Europa renacentista el baño era un asunto excepcional. Los reyes católicos, Fernando e Isabel, cerraron los baños moros una vez terminada la reconquista. Robert Southey contaba que cuando Santa Eufrasia entró a un convento de 130 monjas, ninguna se había lavado jamás los pies, y la sola idea del baño era una abominación. Isabel I de Inglaterra se bañaba una vez al mes, “fuera necesario o no”.
