Una dulcísima cochinada

Una dulcísima cochinada

Tres edulcorantes artificiales fueron descubiertos como resultado directo de científicos con mala higiene de manos.

Una noche de 1897, Constantine Fahlberg llegó a casa del laboratorio, tomó un trozo de pan y le dio un mordisco. Era increíblemente dulce, y se percató de que estaba comiendo pan espolvoreado con algún químico que había preparado ese día en el trabajo. La única forma de descubrir el responsable era probarlo todo. Descubrió que el responsable era un compuesto llamado sulfimida benzoica, y lo llamó sacarina. Para asegurarse de que era seguro tomó 10 gramos, se lo tragó y esperó 24 horas para ver qué pasaba.

En 1937 Michael Sveda trabajaba en su doctorado en la Universidad de Illinois y hacía poco había comenzado a fumar cigarrillos. Un día, en el laboratorio, extendió la mano para quitarse un trozo de tabaco de los labios y probó algo dulce. Probó cada vaso con el que había estado trabajando hasta encontrar el que era dulce. Así descubrió el ciclamato.

En 1965 James Schlatter buscaba un compuesto para tratar úlceras gástricas. Lamió su dedo para tomar un trozo de pape y notó un sabor muy fuerte y dulce. Rastreó el polvo de sus manos hasta el recipiente en el que había colocado el éster metílico de aspartil-fenilalanina cristalizado. Hoy lo llamamos aspartamo.

Ver también: el accidental descubrimiento de la sucralosa.

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Fuentes

Sarah Laskow. "What Happens When Chemists Don't Wash Their Hands". The Atlantic, 21 de octubre de 2014 https://www.theatlantic.com/technology/archive/2014/10/what-happens-when-chemists-dont-wash-their-hands/381587/

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