En julio de 2011, una mujer de 52 años acudió a una clínica psiquiátrica en La Haya con un historial de ver los rostros de las personas transformadas en rostros de dragones, y alucinaba con rostros similares muchas veces al día. Podía percibir y reconocer rostros reales, pero después de varios minutos se volvían negros, les crecían orejas largas y puntiagudas y un hocico prominente, y mostraban una piel de reptil y enormes ojos de color amarillo, verde, azul o rojo brillante. Veía rostros de dragones similares acercándose a ella muchas veces al día desde las paredes, los enchufes o la pantalla del ordenador, tanto con o sin patrones faciales, y por la noche veía muchos rostros de dragones en la oscuridad.
Es un caso severo de una condición conocida como prosopometamorfopsia, del griego πρόσωπον, rostro, y metamorfopsia, distorsiones perceptivas.