Durante la Edad Media, era tal el fervor con el que se defendía la virtud de la virginidad, que entre las veneradas estaban:
Santa Margarita de Antioquía. En la noche de su boda, no pudo soportar la idea de perder la virginidad y huyó a un monasterio, donde se hizo pasar por años como el Hermano Pelagio. Por su comportamiento ejemplar, fue nombrada/o capellán. Fue acusada/o de embarazar a una monja, pero antes que revelar su identidad huyó a una cueva.
Santa Librada o Santa Wilgefortis. Hija del rey de Portugal, se rehusó a casarse con el rey de Sicilia, y rogó a Dios que preservara su voto de virginidad. Dios la recompensó con el don de la barba, el bigote y abundante vello corporal, volviéndola repulsiva a su pretendiente. Se convirtió así en patrona de las mujeres mal casadas.