“Su cartera me recuerda mi última diarrea”
Antes de la revolución industrial, era habitual teñir el cuero con una mezcla de corteza de roble y caca de perro
Antes de la revolución industrial, era habitual teñir el cuero con una mezcla de corteza de roble y caca de perro
Los soldados espartanos procuraban conservar sus cabellos limpios y peinados incluso en plena batalla, pues estimaban que tal atributo “a los bien parecidos los hacía más hermosos, y a los feos mucho más espantosos”.
El impecable brillo de las pistas de bowling se logra con goma laca, una secreción de cochinillas laca (Kerria lacca) de India y el sudeste de Asia.
Tras su primer viaje, Cristóbal Colón volvió a España con un cargamento de inservible pirita –pensando que era oro-, inútiles cortezas –pensando que era canela- y ardientes chiles –pensando que era pimienta-.
En 1914, el científico británico James Chadwick -descubridor del neutrón, y Premio Nobel de Física de 1935- se encontraba en Alemania para estudiar con Hans Geiger. Para su desgracia, la Primera Guerra Mundial estalló y acabó pasando los siguientes 4 años como prisionero de guerra.
Tal era su vocación científica, que se las arregló para improvisar un laboratorio al interior del campo de prisioneros de Ruhleben. Construyó un electroscopio casero y logró que los guardias los suministraran con una pasta de dientes radioactiva que por entonces se vendía en Alemania, con lo cual llevó adelante sus experimentos.
El tercer Conde de Burlington poseía 42.000 acres de tierra en Irlanda, y luego fue nombrado Tesorero de Irlanda. Nunca visitó ese país en su vida.
En Inglaterra, el azúcar se había vuelto tan popular desde que se volvió accesible en el siglo XVI que la consumían hasta ennegrecer los dientes.
Otros que no lograban ennegrecerlos naturalmente, lo hacían artificialmente para presumir de su riqueza, lo suficientemente abultada como para brindarse tales excesos.
Tan poco se sabía en Europa del interior de África hasta fines del siglo XIX, que desde 1798 y hasta la década de 1880 los mapas mostraban una cordillera imaginaria de varios miles de kilómetros al norte del Golfo de Guinea –las montañas de Kong- descritas por el aventurero escocés Mungo Park vaya uno a saber a partir de qué.
Tal desvarío cartográfico se arrastró hasta el Goode’s World Atlas de 1995.
Cuando se decidió construir el gran canal del Lago Erie, conectando New York con los grandes lagos, se contrató a 4 personas: Charles Broadhead, James Geddes, Nathan Roberts y Benjamin Wright. Era una obra de ingeniería colosal, increíblemente ambiciosa y difícil. Sin embargo, los 3 primeros eran jueces y el último profesor de escuela.
No sólo nunca habían participado en la construcción de un canal. Ni siquiera habían VISTO uno.