“Y como no tengo siete vidas más aún necesito esa comida”
Algunas ciudades turcas cuentan con quioscos para alimentar gatos callejeros. Algunos aceptan monedas y otros recompensan a quienes depositan una botella de plástico reciclable.
Las gaviotas que merodean estos quioscos han aprendido a imitar el maullido de un gato para llamar la atención y ganarse la simpatía de los transeúntes y recibir algún bocado.
