¿Quién necesita arterias destapadas si tienes un repartidor amigo?
En mayo de 2017, Kirk Alexander sufrió una emergencia médica. Estaba solo en su casa en Salem, Oregón. Iba a morir.
Pero su adicción a la pizza lo salvó.
Alexander había encargado pizzas a Domino’s prácticamente todos los días durante los últimos siete años. Su silencio parecía sospechoso y la administradora del local, Sarah Fuller, le pidió a una de sus repartidoras que pasara a verificar.
Tracey Hamblen notó que la televisión y las luces estaban encendidas en la casa, pero Alexander no respondía, y llamó al 911.
