Una pizca de rifloterapia y santo remedio
En 1988, un joven canadiense de 19 años con trastorno obsesivo compulsivo y fobia extrema a los gérmenes intentó suicidarse de un riflazo en la cabeza. Sobrevivió, y la bala eliminó por completo su trastorno mental sin causar ningún otro daño cerebral.
