El hit fantasma
Bohemian Rhapsody tomó tres semanas de producción, con el mismísimo piano que Paul McCartney usó para grabar Hey Jude. Algunas secciones exhiben hasta 180 grabaciones sobre pistas previas. Como las cintas de entonces solo ofrecían 24 pistas, hubo que emplear mezclas sucesivas, cortándolas con cuchillos y ensamblándolas con adhesivos, hasta que se llegó a cintas “de octava generación”. Brian May cuenta que:
Hicimos correr las cintas tantas veces que se iban desgastando. Una vez, contrastamos la cinta contra la luz y podíamos ver a través de ella. La música prácticamente se había desvanecido.
