Chuteando hacia la muerte

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En 1916, británicos y franceses llevaban ocho días desparramando su artillería en las trincheras enemigas del Somme. Pensaban que nada vivía al otro lado. El 1 de julio, el día más trágico de la historia del Ejército del Reino Unido, un vigía observó al que parecía ser un oficial salir de la trinchera y dar un vigoroso puntapié a una pelota de cuero en dirección a las líneas alemanas. Era el capitán Wilfred Nevill. Un símbolo familiar, algo profundamente británico, pensó, envalentonaría a los suyos. Sus hombres lo siguieron pateando dos balones. En lugar de un yermo arrasado, encontraron ametralladoras intactas. Nevill murió antes de alcanzar el alambre de púas, junto a los 19.200 compatriotas que cayeron esa misma jornada. Ambas pelotas fueron recuperadas.

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