En enero de 1933, cinco hombres intentaron asesinar a un mendigo alcohólico llamado Michael Malloy, de New York, para cobrar el seguro de vida.
Le dieron crédito ilimitado en el bar de uno de ellos para que bebiera hasta morir, pero sólo perdía la conciencia. Reemplazaron el licor por anticongelante, pero, tras perder la conciencia, volvía por más. Luego le dieron trementina, linimento de caballo y veneno para ratas. Le dieron ostras crudas remojadas en metanol, y luego un emparedado con sardinas podridas mezcladas con veneno y tachuelas de alfombra. No murió.
Una noche de -26 °C, dejaron a un Malloy borracho en la nieve y esparcieron 5 galones de agua en su pecho desnudo. Malloy reapareció la mañana siguiente a pedir su trago.
Lo atropellaron con un taxi a 72 km/h. Sólo lo tuvo en el hospital por tres semanas con huesos rotos.
Finalmente, lo mataron inyectándole gas directamente en la boca.
La policía descubrió el asesinato y cuatro de los cinco homicidas fueron ejecutados en la silla eléctrica.