En la tercera fecha del Mundial de España 1982, un triunfo de Alemania Occidental sobre Austria por uno o dos goles le servía a ambos para clasificar.
Alemania se puso en ventaja a los diez, y los siguientes ochenta minutos fueron un insulso peloteo sin ambición, bajo una lluvia de pifias y espectadores que bramaban “¡Fuera! ¡Fuera!”. El puñado de argelinos presentes blandía billetes a través de la alambrada olímpica y quemaban sus pesetas, mientras otros trataban de invadir el campo de juego. Un hincha alemán quemó su bandera en pleno estadio y un locutor compatriota hizo notar que “lo que está ocurriendo acá es una desgracia y no tiene nada que ver con el fútbol”. Willi Schulz, exjugador de la selección germana, llamó a sus sucesores “gánsters”. Un diario español publicó al día siguiente “El Anschluss” (la anexión de Austria a manos del Tercer Reich). En el Reino Unido, The Sun publicaba “Kick Out The Krauts” (algo así como “Echen a patadas a los alemanotes”). El Volkskrant de los Países Bajos tituló “Porno-fútbol”.
Como consecuencia del bochorno, la FIFA resolvió que, a pesar de la pérdida de derechos televisivos, los dos partidos finales habrían de jugarse siempre a la misma hora.
Y el dato freak: El Comercio de España publicó la nota en su sección de crímenes, junto a un robo de joyas. El encabezado fue: “Unas cuarenta mil personas, presuntamente estafadas en El Molinón por veintiséis súbditos alemanes y austriacos”.