Plutarco relata que cada año, al tomar posesión de su cargo, los éforos (magistrados) espartanos declaraban la guerra a los ilotas (esclavos públicos, propiedad del Estado). Así, podían matarlos sin cometer con ello un crimen. Se seleccionaba a aquellos jóvenes más capaces para la llamada Krypteia, una especie de policía secreta. Se los enviaba al campo aperados sólo de un puñal y la comida indispensable, descalzos y sin abrigo. De día permanecían escondidos, y al caer la noche mataban a todos los ilotas que encontraran, de preferencia los más fuertes, y robaban la comida que necesitaban. No está claro si era un rito de iniciación, si el objetivo era mantener a raya a los ilotas, u otro motivo.