La insustituible ayuda de los trípodes

QIN SHI HUANG

Lao Ai exhibiendo sus mejores atributos

Hacia mediados del siglo III A.C. un comerciante llamado Lu Buwei pasaba sus días en la corte china con su amante. El príncipe heredero decidió que la mujer era de su gusto, y Buwei tuvo que entregársela… pero embarazada. Le hizo creer al futuro soberano que el hijo, a quien llamaron Zheng, era en realidad suyo. A su debido tiempo, el príncipe se convirtió en rey, a cargo de un hijo cuya condición de bastardo ignoraba.

A los trece años, Zheng asumió como rey. Buwei, temeroso de que el monarca descubriera de sus amoríos con su madre, buscó un reemplazante. Consiguió a un hombre llamado Lao Ai, cuyo atributo principal era un colosal pene. Aprovechando sus dotes anatómicos, Ai paseó exhibiendo su miembro a través de una rueda de madera, con la esperanza de excitar el interés de la reina. Dicho y hecho. Para aplacar los rumores de infidelidad de la monarca, Lu Buwei se las arregló ahora para condenar a Lao Ai por un supuesto delito menor, sentenciándolo a la castración. La operación fue fingida y, con ayuda de maquillaje estratégico, se hizo pasar por eunuco en su corte.

El hijo bastardo se convertiría en Qin Shi Huang, quien en 221 A.C. se transformó el unificador de China.

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Bonus Track

Este pasaje lo relata el historiador Sima Qian, un tipo que acabó castrado en 99 A.C. por defender la honra de un amigo que consideraba inocente de los cargos que se le imputaban.

Fuentes

John Keay. China: A History. Ed. HarperPress, 2008, Pág. 89