Nadie abogará por ustedes

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A inicios del a conquista de América, España solo permitía que se embarcaran cristianos de viejo cuño. Ni siquiera conversos recientes, ni hijos ni nietos de judíos o musulmanes eran aceptados. Tampoco gitanos, delincuentes, pillos, pícaros, prostitutas o abogados. Estos últimos “porque se consideraba particularmente dañina su profesión por su influencia sobre los indios y colonizadores, su afición a los pleitos, su pasión por la trácala y su capacidad de engullir bienes y fortunas en procesos interminables”.

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Fuentes

Ricardo Herren. “La conquista erótica de las indias”. Ed. Planeta, 1991. ISBN 843204542X. Pág 21

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