La academia de árbitros tomaba entre 40 y 50 segundos

Al antecesor del juego moderno se le llama “fútbol de carnaval”, porque se practicaba en miércoles de ceniza. Colisionaban masas caóticas de cientos de participantes. La meta era arrastrar a como diera lugar, y con el auxilio de cualquier recurso anatómico, una vejiga de cerdo inflada hasta marcadores situados en cada extremo del poblado. Se avanzaba a través de callejones angostos, sembradíos, esteros o lo que fuera. A veces la meta era el balcón de la iglesia del oponente. Los “partidos” podían durar todo el día

Respecto a la regulación, no habían muchas reglas: se prohibían asesinatos y homicidios involuntarios.

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Fuentes

John Nauright y Charles Parrish, "Sports around the world: history, culture, and practice". Ed. ABC-CLIO, 2012, pág. 223.