En la década de 1860, prestigiosas publicaciones británicas comenzaron a recibir estudios sobre hidrostática, electricidad y otros temas científicos escritos por un tal James Croll, de la Universidad de Anderson en Glasgow (hoy Strathclyde). Uno de esos estudios, acerca de cómo variaciones en la órbita de la Tierra pudo precipitar las edades de hielo fue publicado en un número de 1864 de la Philosophical Magazine, y reconocido de inmediato por la comunidad científica como un trabajo del más alto estándar.
Poco después, se supo que Croll no era académico de la Universidad, sino un conserje (“janitor“).
Croll lograba que su hermano hiciera la mayor parte de su trabajo, y pasaba muchas horas estudiando en forma independiente en la biblioteca de la Universidad.