El rostro humano es un motel
Los seres humanos adquirimos ácaros casi inmediatamente después de nacer, por contacto con la madre. Esa colonia inicial vive en nuestros poros y folículos, copulan de noche (en nuestras caras, por ejemplo), se reproducen y nunca más abandonan nuestro cuerpo. Una persona que muere a los 80 años habrá oficiado de hábitat para unas 1.390 generaciones de Demodex folliculorum, el equivalente a la genealogía de 35.000 años de seres humanos.
