Mes: Diciembre 2007

“Es que nunca me han excitado los museos”

En marzo de 1846, dos ejemplares de caracol del desierto (Eremina desertorum) fueron importados desde Egipto y entregados al British Museum. Los adhirieron con pegamento a un cartón y los expusieron al público. En marzo de 1850, cuatro años más tarde, uno de los caracoles empezó a moverse y a aceptar comida. En palabras de Grant Allen:

Las autoridades del museo ordenaron a nuestro amigo un baño caliente (¡quién dirá en adelante que la ciencia es insensible!), tras lo cual el agradecido caracol, despertando al contacto de la familiar humedad, sacó cautelosamente la cabeza de su caparazón y se acercó a la parte superior del cuenco y comenzó a realizar un estudio apurado de las instituciones británicas con sus cuatro tentáculos con ojos. 

El caracol vivió dos años más en un frasco de vidrio.

En 1904 se colocaron 40 caracoles en una caja de hojalata sin alimento ni agua. Ocho años después diez de ellos seguían vivos.

“Una cucharadita por el Führer”

Entre 1937 y 1945 Heinz produjo una versión de la sopa de letras especiales para el mercado alemán, que consistía en pequenas svástikas de pasta.

Brindemos o muramos

En la edad media eran tan frecuentes los envenenamientos que se popularizó la costumbre de chocar las copas al brindar. Así si el uno había puesto veneno en la copa del otro salpicaba en la de él y no se la bebía

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