Beethoven, Bruckner y, aunque con ciertas precisiones, Schubert y Dvořák, murieron tras nueve sinfonías, originando lo que pasó a llamarse “la maldición de la novena”. Tras culminar la octava, Gustav Mahler tomó medidas para driblear la maldición: no numeró la siguiente, que llamó Das Lied von der Erde. Mientras componía la décima, dijo “ahora, el peligro ha pasado”. Solo alcanzó a completar el adagio y a esbozar cuatro movimientos adicionales antes de morir de endocarditis infecciosa, por lo que su última sinfonía completa es, a modo de triste ironía, la que formalmente se conoce como “novena” .