PERSONAJES

“Y por un pequeño extra el Sena de yapa para que riegue su jardín”

En 1925 Victor Lustig se hizo pasar por el el Director-General of the Ministère de Postes et Télégraphes de Franci y "vendió" la Torre Eiffel a André Poisson para reutilizar el hierro. Lo convenció de que el mantenimiento de la torre era excesivo pero que la venta no se podría revelar hasta afinar los detalles para prevenir protestas. Poisson le pagó un soborno para asegurarse el negocio. Una vez que Lustig recibió su soborno y los fondos para la venta (alrededor de 70.000 francos) huyó a Austria.

Lustig concluyó que cuando Poisson descubriera la estafa, se sentiría demasiado avergonzado como para informar a la policía, así ocurrió y decidió repetir el plan. Esta vez, sin embargo, la policía fue informada y huyó a Estados Unidos.

Las ventajas de ser El Canciller de Hierro

En 1866 Ferdinand Cohen-Blind le asestó dos tiros desde atrás a Otto von Bismarck. El canciller giró, le agarró la muñeca con una mano y la garganta con la otra, y recibió tres tiros adicionales. Luego la guardia le ayudó a detener al homicida. Tras esos cinco disparos Bismarck escribió un reporte al rey Guillermo y recibió a sus invitados a cenar. Recién terminada la velada recibió al médico familiar. Tres balas solo lo rozaron, aun cuando su cuerpo casi tocaba la pistola, y las otras dos rebotaron contra sus costillas.

Una vocación imperturbable

Pablo Escobar se inició en la vida delictiva contrabandeando lápidas mortuorias. Las compraba a quienes las robaban de los cementerios, las pulía y las revendía.

Incluso antes que eso, en el liceo, falsificaba los diplomas de bachiller. Robaba naranjas de una finca vecina y las vendía, luego pasaba por el lugar y tropezaba, recogía las naranjas y las vendía de nuevo a su mismo dueño. O pedía prestado revistas a otros niños que las cogían de su casa, para luego alquilarlas a adultos los fines de semana.

Quería acumular millas

Entre 1976 y 1978, el terrorista islámico Osama Bin Laden trabajó en la aerolínea española Iberia, como director de ventas.

“Exijo un caudal lacrimoso mínimo de 3 cc / minuto”

El excéntrico empresario norteamericano Timothy Dexter (1747 – 1806) fingió su propia muerte para ver la reacción de la gente. Unas 3.000 personas asistieron a su velatorio. Observó que su esposa no lloró lo suficiente y la golpeó con su bastón después de la ceremonia.

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