O da todo de sí por Japón, O no da

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Hiroo Onoda

Hiroo Onoda, teniente segundo del ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial, se ocultó en las selvas filipinas y se negó a rendirse hasta 1974.  Durante 29 años atacó aldeanos que consideraba guerrilleros enemigos y mató a decenas. Cada reporte que recibió de la rendición de Japón, incluido mensajes de su familia, los consideró falsos, meras tretas para que se entregara. Sabía que su patria seguía viva, y eso era incompatible con su visión de que Japón o bien ganaban la guerra o bien peleaba hasta el último hombre, sin puntos intermedios concebibles. Al final no quedó más remedio que contactar a quien fuera su superior, entonces convertido en librero, para que viajara a la selva filipina a convencerlo de que sí, en efecto Japón se había rendido. Solo entonces Onoda entregó al presidente filipino su espada, un rifle, municiones, varias granadas de mano y una daga que su madre le había dado en 1944 para suicidarse si era capturado.

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“Solo permitimos las longanizas voladoras”

Con la transparencia de un agujero negro

Por nuestros heridos, nuestros muertos y nuestros miembros de la subfamilia Anatinae

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