“Total, a bordo no hay nadie a quien besar”
En 1497, Vasco da Gama y 170 hombres zarparon rumbo al Cabo de Buena Esperanza y más allá. A la altura de Mozambique, el escorbuto ya hacía estragos. Los marineros recurrieron a la práctica habitual de la época: cortar sus inflamadas encías con cuchillos y refregar las heridas con orina.
