Un pequeño paso para la orina, un gran paso para la ciencia
Para inicios del siglo XVII, el astrónomo danés Tycho Brahe había acumulado las mediciones astronómicas más completas y precisas jamás registradas. Era tan celoso de sus números, que ni siquiera su ayudante tenía acceso completo a ellos.
En 1601, Brahe asistió a un banquete en Praga. Las horas de buena mesa corrían y corrían. Él se resistía a levantarse al baño a orinar, pues le parecía una falta de etiqueta ante tan distinguida concurrencia. Once días más tarde, murió de afección a los riñones. Su ayudante ganó entonces acceso al mejor banco de datos astronómicos a la fecha. Ese ayudante era Johannes Kepler, y con ellos pudo formular las leyes orbitales que describen la trayectoria de los planetas.
