Un mero zoológico sexual
En la batalla de Cajamarca de 1532, Francisco Pizarro enfrentaba a unos 7.000 incas con 106 soldados, 62 jinetes, cuatro cañones y doce arcabuces. Y solo tres eran soldados de profesión. El mensajero inca había informado que el contingente era pequeño, desorganizado, y que montaban unas llamas de lo más curiosas. Planeaba matar a la mayoría y castrar unos pocos de esos curiosos barbudos blancos para conservarlos como una rareza para cuidar su harem.
