En un intento desesperado por encontrar una vacuna a la gripe española de 1918, las autoridades de salud estadounidense ofrecieron el perdón a los reos de la prisión militar de Deer Island si se ofrecían para los siguientes tests:
- Inyección de tejido pulmonar de muertos de gripe.
- Aplicación en los ojos, nariz y boca de espray infecciosos.
- Aplicación a sus gargantas de descargas directas de enfermos moribundos.
- Sentarse frente a un enfermo moribundo con la boca abierta, para que éste les tosiera directamente adentro.
Se ofrecieron 300 reos, y los médicos seleccionaron a 62. El único que contrajo la gripe fue el doctor del pabellón de la prisión, quien murió en forma fulminante.