“Mi imperio por un atún en lata”
En 1795, el gobierno francés ofreció un premio de doce mil francos a quien diseñara un método para preservar la comida. Napoleón coincidía en la importancia del factor mastique en el campo de batalla. “Un ejército marcha en sus estómagos”, se supone que sentenciaba, aunque no hay registros de dónde o cuándo. Él mismo cultivaba un apetito veleidoso, que no respetaba horarios y que forzaba a los cocineros de palacio a mantener pollos rostizándose a toda hora para satisfacer sus erráticos raptos de hambre. Tras años de tratativas, el ganador del concurso fue un tal Nicolas Appert, quien dio así origen a la comida en conserva.
Appert, eso sí, tardó 14 años, y a esas alturas Napoleón ya estaba derrotado.
